Jerusalén, 19 de junio de 2025 — En un ambiente lleno de reverencia y profunda fe, Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, presidió las Laudes y la solemne celebración eucarística de la Solemnidad del Corpus Christi en la Basílica del Santo Sepulcro. Varios obispos y sacerdotes concelebraron, con un grupo limitado de fieles presentes, dadas las difíciles circunstancias que afectan actualmente a la ciudad y la región.
La Eucaristía: Fuente y Cumbre de la Vida Cristiana
En su homilía, el Cardenal Pizzaballa reflexionó sobre el profundo misterio de la Eucaristía, llamándola el corazón de la vida cristiana y el alma de la Iglesia. "La Eucaristía", dijo, "es el centro de la comunidad, pero también la Eucaristía forma a la comunidad. Sin la Eucaristía, no hay comunidad. La Eucaristía crea comunidades solidarias en las que nos apoyamos mutuamente".
Invitó a los fieles a hacer un don de sí mismos, siguiendo el ejemplo de Jesús en la Eucaristía, para alimentar la vida de la Iglesia, especialmente en estos tiempos. "Y a pesar de todo", dijo, "creed siempre que Jesús, y solo Él, puede transformar lo poco que tenemos, incluso nuestra poca fe, en plenitud de vida para todos".
Destacó que la Eucaristía no es simplemente un memorial de la Cena del Señor, sino una comunión viva con Cristo, que se entrega diariamente por la salvación del mundo.

Oración por Gaza y por la Paz en Tierra Santa
El cardenal Pizzaballa no olvidó mencionar el sufrimiento de Gaza y de su pueblo. Con palabras conmovedoras de solidaridad espiritual, se dirigió a la comunidad cristiana:
"Nunca hubiéramos pensado que, incluso hoy, aquí entre nosotros, nos vemos obligados a hablar del hambre como algo real que afecta la vida de nuestro pueblo. Pienso en Gaza, por supuesto, pero no solo en Gaza. Pienso en las numerosas situaciones de pobreza que el conflicto ha creado, haciendo que la vida sea extremadamente difícil para demasiadas familias".
Procesión Eucarística Alrededor del Santo Sepulcro
Después de la Sagrada Comunión, tuvo lugar la tradicional procesión eucarística alrededor del Santo Sepulcro. Bajo un dosel ornamentado, el Cardenal Pizzaballa llevó el Santísimo Sacramento, acompañado por sacerdotes, monaguillos y fieles. Se elevaron himnos en latín en solemne alabanza a Cristo verdaderamente presente en el Sacramento del Altar.
Al concluir la procesión, el Cardenal elevó el Santísimo Sacramento en bendición, impartiendo la bendición apostólica a todos los presentes. La liturgia concluyó en un ambiente de profunda oración y devoción, elevando los corazones en súplica por la paz en Jerusalén y en toda la Tierra Santa.

Una Luz que Brilla en la Oscuridad
En un tiempo marcado por la guerra y la inquietud, la Festividad del Corpus Christi se erige como un vivo recordatorio de la presencia permanente del Señor entre Su pueblo, y de la misión perdurable de la Iglesia de ser fermento de paz en un mundo fracturado.
Desde el corazón mismo de la Iglesia del Santo Sepulcro, el lugar de la Resurrección, resuena de nuevo una voz de esperanza: "Ven, Señor Jesús, Pan de Vida, quédate con nosotros".







