Domingo 1 de junio de 2025 – Por la gentil invitación de los líderes eclesiásticos de la Iglesia en Galilea y mediante la coordinación conjunta de diversos consejos e iniciativas en la ciudad de Nazaret, la ciudad albergó un concierto ecuménico especial titulado "Creo en un solo Dios" para conmemorar el 1700 aniversario del Primer Concilio Ecuménico de Nicea, celebrado en el año 325 d. C.
Este histórico concilio, que reunió a obispos de la Iglesia tanto de Oriente como de Occidente, se considera uno de los momentos más cruciales en el camino de la fe cristiana. Se enfrentó a herejías y divisiones que amenazaban la unidad de la Iglesia y produjo el Credo de Nicea, que sigue siendo la profesión central de fe recitada hasta el día de hoy en nuestras iglesias como fundamento doctrinal.
El concierto buscó plasmar los profundos significados de ese concilio y trasladarlos de las páginas de la historia al momento presente. A través de un mensaje musical espiritual arraigado en la profundidad de la fe, participaron cinco coros locales de iglesias, cada uno presentando un repertorio seleccionado de himnos inspirados en las Sagradas Escrituras. Los estilos musicales variaron, unidos, pero, el contenido espiritual y teológico.
Al final de la velada, todos los asistentes recitaron juntos el Credo Niceno, con una sola voz, comenzando con las palabras intemporales: «Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso...». Esta impactante escena simboliza la unidad de la Iglesia en medio de su diversidad de ritos y la autenticidad de la única fe que une a los fieles.
Este acontecimiento ecuménico expresó el espíritu de colaboración entre las iglesias locales y su compromiso de servir tanto a sus congregaciones como a la comunidad en general a través de la cooperación y los esfuerzos conjuntos. Tuvo como objetivo preservar la presencia cristiana auténtica en Tierra Santa y sembrar semillas de esperanza en los corazones de las generaciones futuras, marcadas por la conciencia, la firmeza y la resiliencia frente a los desafíos. El concierto se erigió como un testimonio vivo de que la fe cristiana, formulada en Nicea hace 1700 años, sigue viva hoy, manifestada en la unidad de la Iglesia, la solidaridad de los fieles y la autenticidad de su testimonio en el mundo.







