El 11 de agosto de 2025, Día en el que se Conmemora la festividad de Santa Clara de Asís, Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, presidió una Misa solemne en el Convento de las Clarisas en Jerusalén.
La celebración estuvo marcada por la concelebración de varios obispos, frailes franciscanos, las hermanas Clarisas y representantes de diversas órdenes religiosas. Entre los fieles reunidos se encontraba el Cónsul Adjunto y el Jefe de la Sección de Asuntos Religiosos del Consulado Francés, que se unieron para honrar la vida y el testimonio perdurable de Santa Clara.
En su Homilía, el Cardenal Pizzaballa reflexionó sobre la imagen que San Pablo presenta a los fieles como frágiles "vasos de barro" (2 Corintios 4,7) llenos de la luz de Cristo. "Nuestras limitaciones y nuestros pecados ya no son una condena", afirmó, "sino más bien un medio por el cual se revelan la fuerza y la gloria de Dios".
El verdadero testimonio cristiano, explicó el Cardenal, se manifiesta cuando los creyentes muestran compasión y eligen "inclinarse sobre las heridas de los que los rodean para derramar el bálsamo de la misericordia de Dios", viviendo vidas marcadas por el amor y el perdón, especialmente en un mundo a menudo ansioso por extinguir la luz divina.
Al recordar la vida de Santa Clara de Asís, Su Beatitud destacó que en medio de "la aflicción y la incertidumbre política, la dominación y la violencia, la pobreza y la inseguridad", Clara rechazó con valentía las ofertas de protección y seguridad mundana. En su lugar, abrazó una convicción singular: "Solo Cristo, solo el Evangelio; no necesitamos nada más".
Parafraseando a San Pablo, señaló que la vida de Clara proclamaba: "No miremos a las cosas visibles, terrenales y caídas, sino a las invisibles y eternas. Queremos contemplar el rostro de Cristo, revestirnos de Su luz y nada más".
El secreto de su perseverancia, añadió, provenía de un enfoque inquebrantable en Cristo: "...de fijar la mirada en el misterio de Cristo y permanecer allí, con la mirada del corazón fija en Él". Incluso en tiempos turbulentos, Clara respondió con "claridad y determinación", y sus hermanas hoy continúan encarnando su ejemplo: "Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las terrenales" (Colosenses 3,2).
Esto, destacó el Cardenal Pizzaballa, no es una evasión de la realidad sino una forma transformadora de vivir, que permite que incluso las experiencias más dolorosas "lleven el sabor de las cosas de arriba".
"En estos tiempos turbulentos", concluyó, "examinemos dónde posa nuestra mirada. Por la intercesión de Santa Clara, descubramos la dulzura oculta en las pruebas de la vida, incluso en los momentos más amargos".
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Sobre la Festividad de Santa Clara de Asís (1194-1253):
Santa Clara, nacida en la nobleza, fue profundamente inspirada por la predicación de San Francisco de Asís. Renunció a la riqueza, la comodidad y las expectativas de su crianza privilegiada para abrazar una vida radical de pobreza, oración y servicio. A los dieciocho años, desafió los planes de su familia, incluida la resistencia a un intento armado de traerla de vuelta a casa, y se consagró a Dios fundando la Orden de las Pobres Damas en San Damián. Durante cuarenta y dos años, Clara guió a sus hermanas en una vida de sencillez, autodisciplina y gozosa austeridad.
En una época en que se valoraba el lujo y el estatus social de las mujeres, la firmeza de Clara fue una revolución silenciosa pero poderosa. Reveló que la verdadera libertad radica en vivir "según el Santo Evangelio". Su testimonio nos continúa inspirando hoy, recordándonos que el valor, el desprendimiento del materialismo y un corazón fijo en Cristo tienen el poder de transformar no solo la propia vida, sino también la vida de quienes nos rodean.







