JERUSALÉN - El viernes 16 de febrero de 2024, como cada año el primer viernes de Cuaresma, la conmemoración del Segundo Misterio Doloroso, Cristo coronado de espinas, fue presidida por el Obispo emérito Monseñor Giacinto-Boulos Marcuzzo, en la capilla del convento Ecce Homo, administrado por las Hermanas de Notre Dame de Sion y la Comunidad Chemin Neuf.
En su homilía, Mons. Marcuzzo subrayó la gracia y la responsabilidad que tienen los cristianos de Tierra Santa al conmemorar los misterios del Evangelio allí donde tuvieron lugar. Estos misterios siguen siendo celebrados en todo el mundo, porque han sido cuidados y preservados a lo largo de los siglos.
Luego recordó haber dicho: "Es porque confesó la verdad ante Pilatos que Jesús, el Rey del mundo, es coronado de espinas. Jesús es Verdad y Amor hasta el fin, hasta la muerte. Amor y verdad, estas magníficas palabras, tomadas del Salmo 84, son también el lema de Mons. Jamal Khader Daibes, Vicario de Jordania, ahora nombrado Obispo de Somalia y Yibuti, a quien acompañamos estos días con nuestra gratitud y nuestros mejores deseos".
Esta meditación sobre la verdad y la misericordia se hace eco de la de Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, en su homilía del Miércoles de Ceniza, donde el perdón fue el tema central. Durante la Misa que presidió el 14 de febrero de 2024, en la Procatedral del Patriarcado Latino, el Cardenal repitió varias veces que "el tiempo de Cuaresma es un tiempo propicio para el perdón, para la reconciliación".
La reconciliación sólo puede ser fruto del amor y de la verdad, es decir, de una reflexión sincera sobre nuestras responsabilidades, realizada con el deseo de restablecer nuestra relación con el Señor y con nuestros hermanos y hermanas. "El perdón abre, el perdón libera. Todos necesitamos perdón. En este tiempo de Cuaresma, es el momento. Oremos por nosotros mismos, por la Iglesia, por nuestras Comunidades, para que seamos perdonados, pero también para pedir la valentía de perdonar".





