En un contexto global marcado por la escalada de conflictos y una creciente fragmentación, Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, renovó un enérgico llamamiento a no rendirse a la resignación, sino a perseverar en la exigente labor de la paz.
En su intervención en Ginebra el 29 de enero de 2026, durante el 17º Servicio Interreligioso Anual por la Paz, organizado por la Misión Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, el Cardenal acogió con satisfacción el Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz de 2026, "Hacia una paz 'desarmada y desarmante'", describiéndolo como "una palabra oportuna y necesaria para el momento que estamos viviendo".
Resistir la normalización de la guerra
El Cardenal Pizzaballa destacó que el Mensaje del Papa no ofrece soluciones simplistas, sino que desafía a la comunidad internacional a resistir la peligrosa normalización de la guerra.
"Renunciar a la paz", advirtió, "significaría aceptar la guerra como el 'lenguaje normal' en las relaciones humanas e internacionales".
"Acoger el mensaje del Papa León XIV no es optimismo ingenuo", añadió, "sino una esperanza exigente que se niega a dejar que las heridas, el trauma y el miedo tengan la última palabra".
Tierra Santa: más allá de la violencia y los altos el fuego
Refiriéndose a la situación en Tierra Santa, el Patriarca Latino habló de una violencia que no solo ha destruido ciudades, sino que también ha herido conciencias, envenenado el lenguaje y debilitado la capacidad de reconocer al otro como interlocutor en el diálogo en lugar de un enemigo. En este contexto, advirtió que incluso el fin de la violencia no marca automáticamente el comienzo de la paz.
"La paz no es un momento", explicó el Cardenal Pizzaballa. "No es simplemente el resultado de un alto el fuego o de un tratado. Es un proceso largo y difícil que requiere tiempo, paciencia y constancia, así como un trabajo profundo sobre las conciencias, las relaciones y las estructuras que rigen nuestra vida común".
Justicia y la dignidad del otro
La justicia, afirmó, sigue siendo inseparable de la paz.
"No hay paz duradera sin justicia, pero no hay justicia real a menos que el otro sea reconocido como persona, no como herramienta ni como un obstáculo".
El Cardenal hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que vaya más allá de las respuestas de emergencia y la gestión humanitaria. El verdadero compromiso con la paz, afirmó, requiere una inversión a largo plazo en educación, diálogo y reconstrucción social e institucional, incluso cuando los resultados no son inmediatos.
Destacando el papel de la religión en contextos de conflicto, el Cardenal Pizzaballa se hizo eco del llamamiento del Papa León XIV a los líderes y comunidades religiosas para que salvaguarden un lenguaje que no alimente el miedo o el odio, sino que abra caminos hacia la conversión, la responsabilidad y el reconocimiento de la dignidad humana.
Jerusalén y el testimonio de la Iglesia
Jerusalén, señaló, sigue siendo un símbolo poderoso y dramático. Reducirla a objeto de controversia o reivindicarla como posesión exclusiva de una identidad es traicionar su vocación más profunda: la coexistencia fundada en el respeto mutuo y el reconocimiento del otro.
"El testimonio de la Iglesia en Tierra Santa", concluyó, "es el de una comunidad pequeña y frágil, sin poder político, pero llamada a salvaguardar una visión de la humanidad que haga posible la paz". Seguir trabajando por la paz hoy, afirmó, sigue siendo una responsabilidad moral y política, y un acto de fidelidad a Dios, a la humanidad y a la vocación más profunda de la humanidad.

