Logo
Donar ahora

Homilía para la Erección de la Parroquia de San Nicolás

Homilía para la Erección de la Parroquia de San Nicolás

Homilía para la Erección de la Parroquia de San Nicolás 

III Domingo del Tiempo Ordinario – Año A 

Mt 4,12-25 

Queridísimos hermanos y hermanas, miembros de la recién nacida comunidad de San Nicolás, 

Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas, 

Queridos todos, que hoy os reunís como familia de Dios, 

La Palabra de Dios que hemos escuchado no podría ser más apropiada para este día de gracia. No es un simple relato de un comienzo pasado. Es una revelación del modo en que Dios, incluso hoy, realiza su obra. Y así, mientras la Iglesia, con un acto de confianza y de esperanza, instituye esta parroquia, el Evangelio nos ilumina sobre el significado profundo de lo que estamos viviendo. 

El Evangelio comienza con una sombra: "Cuando Jesús supo que Juan había sido arrestado…". El arresto del Bautista es más que un acontecimiento cronológico. Es un hecho teológico. El profeta de la preparación, la voz que clamó en el desierto, es silenciado por la injusticia y la violencia del poder. 

Podríamos pensar: un fracaso. La obra de Dios se detiene. Pero no. Justo allí, en esa herida, la historia de la salvación cambia de ritmo, pero no se detiene. Juan, el precursor, sale de escena como todo auténtico testigo: entregando su vida a la verdad que proclamó. Y Jesús recoge el testigo. También Él, lo sabemos, será "entregado". 

Hermanos, hermanas, esto nos dice algo fundamental sobre la Iglesia: ella nunca nace de un triunfo humano, sino siempre de una fidelidad que pasa por la prueba. También esta vuestra comunidad no nace de la nada o de una perfección ya cumplida. No hay nada ideal en esta parroquia, excepto vuestra presencia: ningún lugar, ningún espacio, nada. Nace de una historia concreta, hecha de expectativas, de caminos pacientes, de sacrificios quizás ocultos. Hoy, la Iglesia confiesa con este acto que el Evangelio sigue generando vida precisamente dentro de las complejas y no siempre pacíficas historias de los hombres. 

¿Y qué hace Jesús ante este cierre? "Se retiró a Galilea". Atención: no "huyó", sino "se retiró". Es un verbo de discernimiento, de elección profética. Cuando un camino parece bloquearse, el Hijo de Dios no fuerza la puerta; busca el pasaje que el Padre le abre. ¿Y cuál es este pasaje? La Galilea de los gentiles. Una tierra fronteriza, periférica, mixta. No el centro religioso de Jerusalén, no el centro político de Roma. Una encrucijada de pueblos, lenguas, culturas y tradiciones diversas. Considerada impura, poco ortodoxa. 

Esta es la genialidad de Dios: elige la periferia para hacer de ella el centro de su revelación. Elige la complejidad para convertirla en el rostro de su Iglesia. 

Y he aquí la palabra que hoy resuena para vosotros, comunidad de San Nicolás: Vosotros sois una "Galilea" de nuestros días. Vuestra comunidad está marcada por la diversidad: diferentes procedencias, lenguas, culturas, sensibilidades. Esto no es un límite que deba superarse rápidamente. Es vuestra identidad, es una gracia, es un signo de los tiempos. El establecimiento de esta parroquia es un acto de fe: la Iglesia afirma que no teme la pluralidad, sino que la asume como el terreno privilegiado donde el Evangelio pueda encarnarse. Aquí, la fe no borra las diferencias, sino que las bautiza, las purifica y las orienta a la comunión. Aquí, ya nadie es extranjero, porque todos somos peregrinos llamados por el mismo Señor. Es también un gesto de valentía. En esta tierra de Chipre, bellísima, pero también herida, esta decisión representa y expresa la voluntad de no dejar que las heridas y las divisiones orienten nuestras decisiones. Queremos, en cambio, ser fermento de unidad y de vida. 

Jesús, establecido en Cafarnaúm, comienza su proclamación: "Convertíos, porque el Reino de los cielos está cerca". Pero Mateo nos muestra inmediatamente que este Reino no es un manifiesto abstracto. Se encarna en la llamada personal. Jesús camina junto al mar, entra en la vida cotidiana de los pescadores, los mira, los llama por su nombre: "Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano… Santiago y Juan". 

La primera obra del Reino es una relación. Una mirada, una palabra, una invitación: "Venid conmigo". Este es el fundamento de todo. 

La parroquia que nace hoy no es, en primer lugar, una estructura administrativa o un territorio. Es ante todo una comunidad convocada por la Palabra. Un lugar donde, a través de la mediación de los hermanos, cada uno puede sentirse mirado y llamado por Cristo, por su nombre, con su propia historia única, su propia lengua, su propia herida y su propio don. 

Y la promesa es hermosa: "Os haré pescadores de hombres". ¿Qué significa, especialmente en una "Galilea" como la vuestra? 

El pescador de Galilea no trabajaba solo. Trabajaba en barca, con una red, en equipo. Ser "pescadores de hombres" significa: Tener paciencia, como se espera el momento justo para la pesca. Trabajar juntos, porque la red es pesada y se tira entre muchos. Tener en el corazón lo que se pesca, para llevarlo a la luz, a la salvación, a la vida plena. 

En una comunidad plural como la vuestra, la parroquia está llamada a ser precisamente esto: una escuela de este arte. Una escuela de comunión, donde se aprende la paciencia de la escucha, la fatiga del diálogo, la belleza del servicio recíproco. Donde la fe se traduce en respeto, en cuidado atento por quien es frágil, extraviado, fatigado. Una misión que no se impone, sino que se ofrece; que no divide, sino que reconcilia; que no homologa, sino que une en Cristo. 

El profeta Isaías, citado hoy por Mateo, habla de un "pueblo que habitaba en tinieblas" que vio "una gran luz". Esta luz es Cristo. Una luz que no borra mágicamente las sombras de la historia –las dificultades, las incomprensiones, los esfuerzos de construir juntos– sino que es una luz que guía, que acompaña, que hace posible el camino. 

Esta parroquia de San Nicolás está llamada a ser ese reflejo de luz: una luz discreta, fiel, acogedora. Capaz de iluminar sin deslumbrar. Una luz que se enciende en la Eucaristía, se difunde en la caridad fraterna y brilla en la esperanza que no defrauda. 

Queridísimos hermanos y hermanas, 

El pasaje concluye con Jesús recorriendo toda Galilea, enseñando, sanando, anunciando. Es un movimiento imparable: parte de Él, pasa a través de los discípulos y llega a las multitudes. Es la dinámica misma de la Iglesia: del Señor, a la comunidad, al mundo. 

Hoy, este movimiento divino de la salvación se encarna aquí, entre vosotros, en esta porción de tierra en la Isla de San Pablo y San Bernabé. Con esta nueva parroquia dedicada a San Nicolás, el santo de la generosa caridad y del patrocinio de los pequeños y los débiles. 

Encomendamos este comienzo, tan evangélico, tan hermoso y tan exigente, a la materna intercesión de la Virgen María, que precisamente en las afueras de Nazaret, en el corazón de la Galilea de los gentiles, dio su «si». Lo confiamos a la gracia del Espíritu Santo, constructor de comunión en la diversidad. 

Que esta comunidad de San Nicolás sea verdaderamente: Una Casa del Evangelio, donde todos se nutren de la Palabra; Un Hogar de acogida, donde nadie es extranjero; Un Signo de esperanza, que irradia la confianza en Dios; Un Instrumento de comunión, donde se aprende el arte de ser, juntos, pescadores de hombres. 

Amén.