Excelencia Reverendísima,
Queridísimos Hermanos y Hermanas,
Nos encontramos reunidos en este lugar único en el mundo, corazón de la fe cristiana, ante el Edículo del Santo Sepulcro, donde la muerte fue vencida y la vida triunfó. Aquí, donde el Señor Jesucristo fue sepultado y de donde resucitó, cada palabra adquiere un peso y una luminosidad particulares.
En este espacio santo, que encierra el misterio central de nuestra fe, dirigimos hoy un saludo lleno de alegría y de respeto a Vuestra Excelencia, al hacer su entrada oficial en Jerusalén como Delegado Apostólico.
Vuestra Excelencia viene entre nosotros como representante del Santo Padre, signo visible de la solicitud del Sucesor de Pedro por esta Iglesia que vive en los Santos Lugares. Su presencia es para nosotros un don y una responsabilidad: don, porque nos recuerda el vínculo profundo que une a la Iglesia local con la Iglesia universal; responsabilidad, porque nos invita a vivir con mayor fidelidad la comunión eclesial.
En esta ciudad, amada y disputada, marcada por una vocación única hacia la paz, ciertamente ardua, pero nunca imposible, la misión que se le confía adquiere un significado aún más intenso. Jerusalén, en efecto, está llamada a ser ciudad de encuentro y de diálogo, y Su presencia entre nosotros se inserta precisamente en este horizonte: crear oportunidades, sostener a las comunidades, impulsar todo camino de reconciliación.
Ante esta tumba vacía, que proclama la victoria de la vida sobre la muerte, estamos invitados a renovar la esperanza incluso en las situaciones más frágiles y marcadas por la incertidumbre.
En efecto, no podemos ignorar las dificultades que atraviesan las comunidades cristianas de esta tierra: fragilidad numérica, tensiones sociales y políticas, riesgo de desánimo y dispersión. Y, sin embargo, precisamente aquí, donde nació el Evangelio, la vocación de los cristianos sigue siendo la de ser testigos del Resucitado, custodios de una esperanza que no decae.
Como Delegado Apostólico, Vuestra Excelencia está llamado a ser:
- Signo de la paternidad del Santo Padre, cercano a todos, especialmente a los más vulnerables;
- Promotor de la comunión eclesial, entre las diversas realidades de la Iglesia en Tierra Santa;
- Voz discreta, pero perseverante, por la paz, capaz de sostener el diálogo incluso cuando parece difícil.
La Iglesia local, en sus diversas expresiones, desea acogerle con corazón abierto y sincero. Como comunidad cristiana que vive y da testimonio del Evangelio en los lugares de su origen, sabemos cuán preciosa es la cercanía de la Sede Apostólica, sobre todo en un contexto a menudo marcado por tensiones y complejidades.
Aquí, donde generaciones de creyentes han orado a lo largo de los siglos, y donde la presencia cristiana ha soportado pruebas y desafíos sin perder la fe, le aseguramos nuestra colaboración, nuestras oraciones y nuestro apoyo.
En el misterio de este lugar santo encontramos el fundamento de nuestra unidad: no una simple inteligencia humana, sino una comunión que nace de Cristo resucitado. Es desde aquí, donde podemos empezar de nuevo cada día para ser testigos creíbles del Evangelio, incluso en tiempos de prueba.
Excelencia, no encontrará aquí éxitos fáciles, pero encontrará una certeza: la certeza de que Dios no abandona a su pueblo, ni siquiera cuando el futuro parece incierto.
Encomendamos Su misión al Señor Resucitado, para que la sostenga en la fatiga, os ilumine en el discernimiento y os convierta en instrumento de paz, consolación y esperanza viva para todas las comunidades de esta tierra.
Que la Virgen María acompañe Su camino.
Bienvenido Sayyedna.
* Traducido del italiano

